Artista visual y poeta guatemalteco de origen maya kaqchikel, reconocido por integrar la cosmovisión, la espiritualidad y los rituales de su pueblo en el campo del arte contemporáneo internacional. Se formó en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la Ciudad de Guatemala. Su práctica artística se fundamenta en lo que denomina Naoj —conocimiento o sabiduría—, una forma de pensamiento y creación arraigada en la vida comunitaria y en la resistencia cultural frente a los procesos históricos de exclusión de los pueblos indígenas. Desarrolla una obra interdisciplinar que articula instalación, performance, poesía y acción ritual. Sus piezas incorporan materiales naturales y efímeros como piedras, frutas, fuego, tierra y maíz, utilizados para construir espacios de ofrenda, memoria y conexión espiritual.
La obra de Calel explora la relación con los ancestros, la cotidianidad de su comunidad y el vínculo entre cuerpo y espíritu, particularmente a través de los sueños como territorio de conocimiento. Un rasgo central de su práctica es la participación activa de su familia y de la comunidad en los procesos de creación, cuestionando los modelos occidentales de autoría individual y reafirmando el arte como ejercicio colectivo, vivo y relacional.
K’obomanik ch’ab’el (Ofrenda con palabras)
Exposición: Monte Adentro
Edgar Calel
Performance
2025
De vez en cuando
camino al revés:
es mi modo de recordar.
Si caminara sólo hacia adelante,
te podría contar
cómo es el olvido.1
— Humberto Ak’abal
El artista Edgar Calel presentó K’obomanik ch’ab’el (Ofrenda con palabras), una acción ritual que desafió la linealidad del tiempo occidental para proponer un trayecto de la memoria. Basado en el principio kaqchikel: caminar al revés es un modo de recordar, Calel transformó el espacio de entrada de la Capilla Santa Bárbara de Dominguillo –las abuelas piedras y el teatrino– en un altar vivo, donde el movimiento del cuerpo en doble espiral se convirtió en un puente entre el pasado milenario y el presente.
La performance fue un ritual de respeto hacia las Abuelas Piedras. Calel, portando flores e inciensos, trazó un viaje en círculos hacia adelante y hacia atrás, desafiando la flecha del progreso para abrazar el ciclo de la vida. A través de este caminar consciente, el artista ofrendó los humos de los sagrados inciensos y semillas, integrando el espíritu de lx ancestrxs de los territorios en un acto de unidad del cóndor y el quetzal*2*.
Uno de los momentos más poderosos de la ofrenda fue el círculo de la Madre Agua. Calel propuso un ejercicio de diálogo y comunión colectiva al congelar y circular el agua del río en un molde con uno de los símbolos en idioma kaqchikel, pasándola de mano en mano entre lxs asistentes. Este gesto permitió que todxs experimentaran la temperatura y la fluidez de la memoria del agua, cargándola con sus ruegos personales y convirtiéndola en un contenedor de voluntades compartidas.
K’obomanik ch’ab’el no fue solo una performance, fue una ofrenda que devolvió al arte su función ritual y sanadora. Al ofrendar bebidas, agua, semillas y aromas a las Abuelas Piedras, Edgar Calel recordó a la asamblea que el territorio se sostiene gracias a quienes no temen caminar hacia atrás para encontrar sus orígenes.
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Ak’abal, Humberto. Ojer bix re ri kik’el (El canto viejo de la sangre). Poema: Camino al revés. ↩︎
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Alegoría de los pueblos originarios que entienden que el continente Abya-Yala está representado por tres aves insignes: El águila es el norte, el quetzal el centro y el cóndor el Sur. Para este caso específico hablamos del encuentro entre Guatemala (quetzal) y Colombia (cóndor). ↩︎