María Alejandra Sánchez
María Alejandra Sánchez

Artista, diseñadora multimedia y gestora. En su obra filtra memorias del archivo para hacer tangible las vidas de las mujeres negras, esta evocación actúa como una práctica de memoria, cuidado y reparación que reafirma la continuidad de las luchas negras.

Ha desarrollado proyectos dentro de la colectiva Proyecto Venus, entre ellos apuestas expositivas para las mujeres artistas del sur, como Venus Ubuntu: II Salón Regional Sur de Mujeres Artistas (2025) y Venus Polifónica: I Salón Regional de Mujeres Artistas (2023), así como espacios de creación como el I Laboratorio de Creación El Espiral: Prácticas Artísticas Colaborativas para el Espacio Público (2023). Entre sus participaciones recientes se encuentran las Residencias Co-creativas Autonomías y Re-existencias en el Corazón del Cauca Profundo con Popayork y Minga Prácticas Decoloniales (2024); Laboratorio Creativo Afro Disidentes con la revista afro juvenil Matamba (2023), y el taller y exposición colectiva: Atwork Capítulo 23: ¿Quién es el extraño en mí? Fundación Moleskine, Fundación Kitambo y Alianza Francesa (2023).

Tuluá, Valle del Cauca
1996
-

(N)engramas: digerir e imaginar prietas memorias

Exposición: Mil mundos negros que se conectan entre sí

Alejandra Sánchez
Pintura expandida
2025

¿Cómo y desde dónde se narran las vidas y resistencias prietas y cuántas vidas caben en una hoja de archivo silenciosa? La apuesta está hecha: filtrar memorias del archivo hacia un imaginario que haga tangible, más allá de la palabra y más acá de la imagen, las vidas de las mujeres negras. —Alejandra Sánchez

En (N)engramas se entrelazan el archivo colonial y la memoria íntima para revelar la presencia negada a las poblaciones negras en el Popayán del siglo XVIII. En una ciudad edificada sobre la esclavitud, el comercio de cuerpos y la economía minera del Cauca, las personas negras sostuvieron la vida doméstica y productiva, aunque esta labor fuera invisibilizada por la historia oficial. Nombres como Rita y Polonia Marín, Mónica de la Cruz y María Mina de Gaviria aparecen dispersos en los archivos, como huellas de su existencia y resistencia. La artista reinterpreta esos rastros desde la intimidad familiar con las imágenes de su tía Yoly, de su tía Faby y de su madre, tejiendo una genealogía prieta que desafía el silenciamiento impuesto por la escritura colonial.

La artista denomina este proyecto como “pintura expandida” precisamente porque trasciende el formato tradicional. No son piezas dispuestas sobre la pared, sino suspendidas en medio de la sala y que, por tanto, se pueden recorrer por ambos lados. Además, cada historia híbrida se compone de tres partes, cada una de las cuales representa un momento del relato de estas mujeres. De este modo, no solo hay una intervención sobre el vidrio con los nombres, sino también siluetas sobre un material brillante, lo cual crea el efecto de un espejo.

Presencias humanas:
Alejandra Sánchez; tías Yoly y Faby, y Ma.

Presencias más que humanas:
Rita, Polonia Marín, Mónica de la Cruz, María Mina de Gaviria y la ruda, planta protectora y purificadora que acompaña el caminar de la artista, conectándola con sus abuelas, su hogar, sus memorias y sus ancestras.

Territorios:
Popayán, donde se hallan los archivos para resistir y repensar; Caloto y Barbacoas, lugares donde se registran los casos de mujeres negras en los archivos coloniales, y Patía, territorio del origen familiar.