Arrullo por las calles de Villa Rica

Del diálogo con la artista María José Lerma y la maestra Zenobia, lideresa ancestral, guardiana de la cultura y voz del grupo Las Cantoras de Manato, surgió un laboratorio de dos días que juntó a seis mujeres de Timbiquí, Buenos Aires, Guapi, Cali y Villa Rica, con Sandro Cãndido, poeta, filósofo y educador afrobrasileño; quienes cruzaron historias de vida, y formas de conmemorar y celebrar fiestas tradicionales, tejiendo un arrullo colectivo.

En este espacio la espiritualidad apareció no como una definición cerrada, sino como una experiencia encarnada. En el diálogo, se reconocieron múltiples formas de lo espiritual ligadas a la iglesia, las prácticas ancestrales, la relación con la naturaleza, el canto, la cocina y el cuidado cotidiano. Asimismo, se concibió un altar colectivo, no como objeto decorativo sino como centro simbólico que ordenó intenciones, memorias y sentidos. La escritura y la poesía abrieron paso a recuerdos de infancia, voces de abuelas, imágenes de agua, monte, arrullo y viche, revelando una espiritualidad afrodescendiente viva, sostenida en la comunidad.

El recorrido por las calles de Villa Rica, guiado por Sandro Cãndido y acompañado por Ingrid, de las cantoras de Manato, María Zenobia, Leonor Torres, Deisy Sánchez Lerma, Griselda Zúñiga y Mayra Alejandra Mina, se desplegó como una acción coral donde las voces sostuvieron el pulso espiritual del territorio. Integró cantos, textos, paradas rituales e invocaciones, deteniéndose en lugares significativos como la estatua de Manato. Los cantos no ilustraron una tradición: la encarnaron. Cada voz portó memoria, linaje y resistencia, haciendo audible una forma de conocimiento que se transmite en el hacer, en la repetición y en la escucha compartida. En Villa Rica, el recorrido se hizo canto y ofrenda. El arrullo por las calles de Villa Rica activó el desplazamiento colectivo como una práctica espiritual y comunitaria que desborda la idea de recorrido para convertirse en ritual: la calle por un instante dejó de ser vía para convertirse en altar y el desplazamiento se transformó en una acción de cuidado.